Desde Pompeya, rumbo a Nápoles.

Andaba leyendo mi selección de feeds y encontré en nuevo relato de N., me pareció genial y digno de ser reproducido ad infinitum. Es por ello -y aprovechando que está bajo una licencia CC-, que se los reproduzco a continuación:

N. presenta un nuevo relato de BaNG

Te arrulla el ritmo del tren, vas de Pompeya a Nápoles.
Entre la vigilia y el sueño, el templo, las ruinas, el calco, el panadero, togas, grafitti, púrpura, fuente, el horno, perfumes, cloacas, el volcán, lava, el calco.
Vigilia, las ruinas, el templo, el calco. Nápoles.

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¡Rrrrrrrrraaajale!

No están ustedes para saberlo ni yo para contarlo, pero yo estaba en el grupo de danza folclórica de mi secundaria.

Tseee, así como me ven: chaparrito, ñoño, flaco hasta la locura, penoso y antisocial sin más, lo estaba.

Podré parecer pretencioso, estirado y demás etcéteras, pero no niego mis raíces: “Yo estoy fuertemente ligado a Veracruz” (de hecho, todos los años vacaciono allá), y cuando veo cosas así en vivo:

no puedo evitar sentir que algo en mi interior se mueve (y con el correcto grado de alcoholización, me mueve).

Casi nunca bailo en público, pero si ando por ahí cuando algún son jarocho suena en vivo, es bastante común que se oiga un grito:

¡Rrrrrrrrrrrrrrrrrrraaajale paisano!

proveniente de la dirección por donde me encuentro (desafortunadamente no sé silbar, sino, también se oiría algún silbido).

¿Quiero llegar a alguna conclusión?

No, esto sólo vino a colación por el video que encontré en el blog de Güerotix.

Pd. La otra vez me encontré este video y quiero agregarlo, no’más (sic) porque sí.

Y citando un fragmento de Patio Custodio de Paco de Lucía

Una fiesta se hace con tres personas: uno baila, otro canta y el otro toca…

Todo final es un comienzo…

Como alguna vez dijo mi comadre:

Tendré un blog underground.

Este es el mío.

Yo reconozco que la vida no es un cuento de hadas y que no existen los finales felices…

…hace poco tuve un final no-feliz, pero, como dice el nombre de esta entrada: “todo final es un comienzo”.

Confieso que perdí un poco el interés por escribir. De hecho, en los últimos meses no he escrito casi nada. Tengo una tesis que terminar y aproximadamente diez borradores de cuentos que no he revisado.

Aunque ya pasaron mis épocas en las que escribía -algunas veces- hasta dos veces al día, no puedo negar que si dejase de escribir sería como silenciar una parte de mí que amo y que no quiero enmudecer.

Si se cruzan por aquí, espero que lo que lean no les desagrade, o por lo menos, que no les sea indiferente.

Sean Bienvenidos a mi nuevo Hogar.

Héctor.