Todos los días después del trabajo paso por la cafetería donde dos veces estuvimos juntos. La primera te hizo llamarla “nuestra cafetería”, “porque en ella besé a mi amodoro” -decías. (sí, eras una ridícula, pero todos los enamorados siempre lo somos) En la segunda intenté terminar contigo

Todos los días veo a la gente comer a través de sus grandes ventanas y busco con curiosidad nuestra imagen, tomándonos las manos o discutiendo. Nunca estás tú, y nunca estoy yo. Menos los dos juntos.

Espero no verte nunca. Ni en la cafetería, ni en el metro, ni en la calle. Aún creo que correrías a apuñalarme por la espalda con tus llaves.

El amor crea locos, el desamor los alienta.

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