—¿Te puedo invitar un café?

—No, ¿por qué?

—Por tu ropa: por la forma en la que no debería encajar, pero encaja; por la forma en la que parece que no la escogiste, pero yo sé que pasaste horas frente al armario decidiendo como verte casual e indiferente. Por tu bufanda que me dice que has viajado. Por tus tenis feos. Por tu nariz que no le sienta bien a tu rostro. Por tus ojos grandes que me gustaría contemplar un rato. Porque preferiría tomar un café con mi novia, pero no está en la ciudad… Porque hay algo en ti que me dice que seríamos buenos amigos.

La puerta del metro se cerró y me quedé con la idea en la mente mientras la veía perderse entre la gente.

Algún día debo deshacerme de la costumbre de tener conversaciones imaginarias con la gente que me rodea.

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  1. Te lo advierto: con el paso de los años llegarás a creer que esas conversaciones imaginarias realmente existieron y formarán parte de tu historia.

    • Interesante… es como quien se repite tanto una mentira, que termina creyéndola verdadera.

  2. Oh, yo adoro ir en transporte público precisamente por esas conversaciones.

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