Allegro ma non troppo.

Nota Bene. Antes de comenzar a leer este cuento, por favor reproduzca el video que lo acompaña. La experiencia de lectura sin el fondo musical sería incompleta, dado que mi intención al escribirlo, fue que este cuento siempre fuese leído con el 3er movimiento de la Sonata No. 23, Op. 57 “Appassionata” de Beethoven, de fondo. Gracias.

Teclear por teclear.

No. Teclear para liberar.

Atacar al teclado como si este fuese el culpable de la migraña. Con un ritmo rápido pero cadencioso… allegro ma non troppo.

Para él, escribir con migraña era una necesidad que vivía dolorosamente con frecuencia.

Sus amigas le decían que escribía en su teclado con la fuerza que se necesitaba en otros tiempos para hacer funcionar una vieja máquina de escribir mecánica. Ahora, la fuerza del ataque le provocaba cambiar constantemente de teclados, pero era algo que valía la pena pagar.

La contundencia de sus palabras y la ira de sus argumentos era algo por lo que el periódico en dónde trabajaba pagaba constantes sumas de dinero. Dinero que utilizaba para pagar la renta, la comida, teclados nuevos y analgésicos para los periodos en los que no tenía que escribir.

Sus comentarios siempre incendiarios y frontales, eran la sensación de la política. La ira que él sentía por la incompetente clase política se veía amplificada por la lupa de su migraña. Cuando tildaba de pendejo a algún diputado, su mesura lo hacía contenerse, pero su mesura era avasallada por su migraña y siempre había una nueva columna sabatina llena de ataques, críticas y denigraciones.

Pero al final estaba bien: los políticos en verdad se comportaban como pendejos. ¿Por qué habría de medirse él?

Sabía que con el tiempo debería dejar de escribir, los dolores eran insoportables… con los años no toleraría escribir y sufrir al mismo tiempo. Los analgésicos significaban autocensura; la autocensura significaría perder seguidores; perder seguidores significaría no más trabajo; no más trabajo, no más dinero…

Pero con el tiempo, él tendría que ocuparse de ello, ahora se disponía a sacar un nuevo teclado de su empaque, y continuar el enunciado en dónde lo dejó al botar la tecla de borrar en su cara por enésima vez.

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  1. Pues yo no golpeé lo suficiente las teclas esta mañana cuando dejé un comentario que ha desaparecido.

  2. La edad no perdona….

  3. Tac, tac…. ¿No hay nadie por aquí?

    • Héctor anda escribiendo tesis y por eso no twittea, ni bloguea. Todos esperamos que regrese pronto.

      Atte.

      Tvivl

  4. La tesis, la tesis… Cualquier pretexto es bueno para apartarse de las cosas importantes como twittear o bloguear.

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