Tuvimos dos semanas increíbles:

Hablar hasta caer dormidos,

Salir de tu casa de madrugada,

Subir un volcán sin preparar la maleta,

crudo, sin dormir,

todo por estar contigo la noche anterior a mi subida,

Tus gatos me aceptaron al segundo día,

Tus amigas me recibieron como parroquiano habitual en tu casa,

Perdimos tu celular,

lo recuperamos,

Recorrimos la ciudad en busca de cervezas,

cigarros y una dirección erronea,

Fuimos a ver a tu mejor amiga a emergencias

de madrugada

mientras usabas lentes oscuros graduados

porque tus lentes habituales estaban perdidos

Contigo el silencio era incómodo,

pero al mismo tiempo no lo era.

Nunca me había cansado tanto antes de ir a trabajar,

por alguna razón estar contigo me agotaba

Nunca había tomado tanto como contigo

(o más bien, tan seguido),

Nunca había fumado tanto como contigo

 

Salir de mi casa y verte

en tu coche,

estacionada,

peleando por el trabajo,

estará por siempre en mi mente

 

Ahora como pizza en mi sala

mientras ignoras mis menajes,

sí, la pizza que me compraste

 

Aún no sé si volverás,

sólo quiero sacarte un rato de mi mente

Debí saberlo…

Debí saberlo, sí

debí saberlo

 

Debí saberlo cuando gritabas por todo

cuando tronabas la boca al comer

cuando acaparaste el chuchillo de la mantequilla

y luego con tu dedo lo limpiaste en medio de la mesa

 

Debí saberlo cuando no tomaste té de menta,

cuando te acostabas en diagonal en la cama

cuando te acabaste todo el papel el baño

o cuando supiste explicarme qué

putas

pinches

mierdas

es un reggaetón lento

 

Debí saber que por ti volvería a escribir.

Alguien.

Alguien para pegarle sus besotes, llevártela al centro tomada de la cintura, escribirle temprano y contarle tus más profundos sentimientos.

Alguien para ir a volar papalotes los fines de semana, para presentarle a tus familiares, para que te acompañe a bodas y conciertos.

Alguien para conocerle los lunares de los muslos, para pensar cuando vas al súper y haces despensa que incluya sus cosas favoritas.

Enternecerte con su respiración de dormida…

Nereísima dixit.

Me gustan las mujeres muy blancas, casi transparentes.

Cuando las acaricias, puedes ver sus venas a través de la piel y sentir que estás en su interior; cuando las muerdes, puedes casi sentir que estás arrancando un trozo de carne vivo de su cuello; cuando arañas su espalda, las marcas de tus uñas quedarán un tiempo que parecerá toda la vida; cuando les haces el amor, puedes ver la sangre fluir por todo su cuerpo manchando el lienzo transparente con un apasionado enrojecimiento.

Sí, me gustan las mujeres muy blancas, casi transparentes.

Todos los días después del trabajo paso por la cafetería donde dos veces estuvimos juntos. La primera te hizo llamarla “nuestra cafetería”, “porque en ella besé a mi amodoro” -decías. (sí, eras una ridícula, pero todos los enamorados siempre lo somos) En la segunda intenté terminar contigo

Todos los días veo a la gente comer a través de sus grandes ventanas y busco con curiosidad nuestra imagen, tomándonos las manos o discutiendo. Nunca estás tú, y nunca estoy yo. Menos los dos juntos.

Espero no verte nunca. Ni en la cafetería, ni en el metro, ni en la calle. Aún creo que correrías a apuñalarme por la espalda con tus llaves.

El amor crea locos, el desamor los alienta.

Tú…

Espero que te tranquilice saber que arruiné el archivo en donde guardaba todo lo que me recordaba a ti.

Anna Netrebko & Elina Garanca